Cada mueble se me antoja un potro de castigo,
cada salón un inmenso desierto sahariano,
nuestra alcoba un infinito océano vacío,
el tálamo, el hielo de los polos, aún más frío.
No hay calor, ni color, ni siquiera el templar de tu aliento,
¿Donde están tu suspiros? ¿Dónde el sudor humano?
Los pliegues de tu piel, al vocarlos me ofrecen sufrimiento...
¿Donde están tus caricias? ¿Dónde el rozar de tus manos?
Sobre mi pecho siento aun, el roce de tu firmes aureolas...
Entre mis muslos, el ruido del tifón de tu vaivenes,
De tus axilas perfume delicado, olor a espuma de las olas,
¿Por qué no repetir? ¿Por qué ya no me quieres?
Aún en las sábanas se encuentran las huellas de tu cuerpo,
las manchas de carmín, los restos de nuestra desvergüenzas,
Si no regresas a mí, pasión inmensa, mejor me muero...
De un sin amor, de un desprecio total. No hay peor pobreza.

[/align]


[/align]


[/align]

[/align]