by Eduardo J. Ramirez on Fri Apr 25, 2008 4:54 pm
Siempre, o casi siempre, la publicación de un libro resulta toda una aventura, incluso, un gran lance si se trata de escribir cuentos, y sobre todo, cuentos que no son necesariamente para niños.
Dicha forma literaria, hoy en día, puede presentar diferentes registros; desde un típico cuento de hadas y princesas o la narración de aventuras de súper héroes o personajes fantásticos, puede tratarse también de temas sobrenaturales y mistéricos o ser relatos que nos hablen de la cotidianidad, la tradición, los afanes, los sueños o los traumas de los personajes. Esto último es lo que encuentro en “Cuentos del Sur”.
Tuve la suerte de recibir un ejemplar de su autora, nuestra querida amiga y colega Elena Guede. Su lectura no fue nada complicada, porque, además de accesible, me pareció muy amena, fácil, entretenida y original.
Elena logra, a través de la anécdota, la ubicación temporal y geográfica, la moraleja, el relato pintoresco, gracioso y, a veces, irónico y satírico, atrapar al lector en temas que son bastante comprensibles por su lenguaje popular. Su imaginación y creatividad, muy cercana a nuestra realidad, están llenas de expresiones que puedo llamar costumbristas.
Casi todos los cuentos que nos presenta Elena muestran rasgos muy característicos y propios de nuestra cultura latinoamericana donde, aún en este siglo XXI, sigue prevaleciendo una falsa idea de la exigencia religiosa que la ubican erróneamente en terrenos de una fe ciega y mal asimilada, lejos de las verdaderas enseñanzas de la Iglesia. Incluso, independientemente de la ubicación en el tiempo, prevalece esa consideración de la mujer como un objeto y en el mejor de los casos como un personaje secundario, sin voz ni voto.
Uno de sus cuentos nos revela un amor no concretado en su momento que resurge de un nuevo encuentro, pero al fin y al cabo imposible, precisamente por razones religiosas, siendo el principal motivo de la separación, la mentira, la difamación o las medias verdades.
En otro, un personaje lleno de misterio que se convierte en el motivo de unidad de una familia.
Luego, el típico hacendado, el patrón-dios con “derecho de uso” de sus trabajadores y el dulce momento en que las aguas toman el curso de la justicia.
Suposiciones e imaginación; malas consejeras que cargan la conciencia y marcan la conducta de sus personajes, de tal modo que terminan siendo la causa de su propia desdicha.
Casi todo, insito, subordinado a contextos morales como un elemento heredado que se convierte en el hilo conductor del desenlace de estos cuentos.
Eso sí, como todos los buenos cuentos, siempre con su moraleja. La virtud que brota del trama, como en las tragedias griegas, y deja en los lectores material para la reflexión posterior.
Hay que leer Cuentos del Sur y descubrir que tenemos una gran escritora y una estupenda amiga que nos regala sus talentos y su tiempo en este foro.
Felicidades a Elena por cristalizar este sueño.
Mr. Ed.
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