Hacia casi 6 meses que yo forzaba este amor, que siendo ajeno lo sentía tan mío como mi propia piel, a pesar que ella repetía constantemente… -esto no podemos tomarlo en serio, lo sabes desde el principio-. Esas palabras ahogaban las mías que se atoraban en mi garganta…eran tantas las cosas que quería decirle…Decirle que la amaba!, que estaba dispuesto a todo!.. que no teníamos la culpa de habernos conocido tarde, porque tarde no existía en mi diccionario, porque imposible era palabra prohibida…pero mis palabras morían ahogadas por el humo del cigarro.
Un joven alto traía una bandeja humeante en su derecha cuando todo mi ser presentía tormenta bajo ese cielo plomizo que amenazaba el fin del mundo. –El café con leche para quien?- para la señora respondí…Y todo fue en cámara lenta, pasaban por mi mente aquellos gratos momentos que vivimos. Esa primera vez en el albergue, con que desesperación nuestros cuerpos se enredaron en silencio, un silencio cómplice de nuestro encuentro, el mismo silencio que nos enjuiciaba y marcaba el final que recién nacía.
Recuerdo aquel aroma a café…café con leche sin despedida.
Fue el desayuno más triste que bebió mi vida. –Todo esta hablado, no hay mas que hablar-…dijo mirándome a los ojos, y sus ojos de cielo se clavaron en la taza que todavía humeaba sus últimos restos de amargura. Luego, levanto su cuerpo de espiga, y se marcho en silencio.
Sólo su espalda me dio su figura, y mi corazón conoció el infierno en ese momento. Hoy, mis manos sin su cintura, acarician vacíos de horizontes lejos.
Chelín
Juan Carlos



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