“Entre sus manos blancas, luminosas,
que imitan el perfil de las estrellas,
nace la primavera.”
-Nieves Álvarez-
nana para una madre
Tus manos luminosas
aves inquietas
alientan con su invierno
mi primavera.
No cesan nunca
de acariciar alondras
una por una.
El niño que en tus manos
se me desborda
llora sin que lo sientas
junto a tu alcoba
Abres los ojos
y me derrumbo en ellos
pozo sin fondo.
Hay azules que hieren
-tus ojos dagas-
y apuñalan el triste
confín del alma.
Cuando me miran
me ahogo en un torrente
de aguamarinas.
Mis recuerdos de niño
trémulos corren
mientras tus blancas manos
son mis prisiones.
Tanto desmayo
estalla en lo más hondo
como un disparo.
Me amordazan querencias
dulces ayeres
por olvidar el grito
de tu presente.
Sangre que brota
amanecida en lunas
durmiendo sola.
En brazos de la noche
que te desvela
tiene envidia la sábana
de tu piel tierna.
Sábana y piel
disputando en blancura
su desnudez.
Suspiros por el pecho
tan inocentes
que espantan las espinas
cuando me hieren.
Sigue durmiendo
que te traigo un futuro
sin sufrimientos.
En el confín del sueño
velo tu aire
porque limpio te llegue
nunca te falte.
Soplo de vida,
aliento que en tu boca
me resucita.
Duérmete con ternura
madre del alma
que la luna se acerca
y a tu ventana
quiere traerte
luces que hagan tus sombras
niñas y breves.

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