by A. Elisa Lattke V on Thu Mar 06, 2008 12:10 pm
Ayer tuve miedo, entré a un negro agujero...
Sucedió que me perdí en el mismo…
Por el sentí que pasaba la vida, la de todos,
esa eterna nada donde transitan las almas.
Si es que alma tengo yo... o los poetas…
¡Sino, de qué valen los versos sin sus almas!
Pero la esperanza se rebela en su porfía,
no por derrota, sí por razón docta en su calma.
Contrita está la pasión ya redimida,
seria, sincera, justa y bien sentida;
dulce entre la hiel amarga que se bebe…
Triste en la copa de la mujer que poetiza.
El dinero, la fama, amor y amigos…
Se nos va ya todo, hermanos y poetas.
¡No hay piedra que tape el agujero,
si a nosotros nos tapa la loza del silencio!
No valen versos buenos ni malos, hermanos.
La fama escoge a sus hijos predilectos;
o se compra la mediocridad del desengaño
con las treinta monedas, nunca por los versos.
Se sube el ánimo en que se alza todo
Es la peana del iluso, marmórea estatua;
la de cualquier dios que soñáramos ser,
la que sostiene, acaso, la ilusión más vacua.
Sí, se nos va todo, amor y lágrimas, hermanos;
por el eterno agujero de una muerte impía.
Pero algo se queda en cada corazón amado,
soñando inquieto en nuestro lecho de porfías.
¡Y no pasa nada,… nunca pasa nada!
Sólo es el corazón que siempre desvaría,
acicate del terrible miedo en que batalla,
cuando el negro agujero amenaza su alegría.
Hoy, tranquila, sumisa y despejada,
espero que la vida siga siendo generosa;
y busco en mis palabras ramos de rosas
para entregarlas al amor por ser amada.
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1-4-05. Elisa Lattke ("Froschieblau")