Quisiera como el río dejar lejos
las peñas, las angostas quebraduras
que sólo me causaron amarguras
a poco de nacer, entre reflejos.
Recuerdos sin piedad, males complejos
que hiciéronme vivir mil desventuras
negándose a cortar las ligaduras
que me atan al ayer, dolores viejos.
Mas no conseguiré ser como el río
que encuentra al avanzar paz y remanso
y entrega al fenecer su curso al mar.
Yo no puedo olvidar, sólo confío
en que mi corazón halle el descanso,
y al punto de morir, deje de amar.

AGUSTÍN


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