
VI
Una lámpara mística revela el misterio:
ya rígido, ya silábico de un pedazo de carne
tendido en el diván semivivo.
Se asusta el que mira de reojo
al perro tras las huellas, ¡ay! asustadísimo
con el tanteo de los pájaros al pasar.
Y un tanto derrámase el tañer trítono
en los labios de aquél que está
en la antesala“Moris”.
Una sola, solo una gota bebió de culpa.
¡Tan bueno era...!
¡Maldita copa, qué vertical la culpa deja
en manos del cancerbero!
Mariluz Reyes Fernández
Derechos Reservados

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